Los caminos migratorios para invertir o abrir empresa existen y son específicos. Elegirlos por el nombre, sin mirar el plan de negocio, es como se pierden años.
Quien quiere desarrollar negocios en Estados Unidos suele empezar preguntando por la visa. La pregunta útil es anterior: qué actividad va a desarrollar, con cuánta plata, con cuánta gente y por cuánto tiempo. La categoría migratoria sale de ahí, no al revés.
Lo que conviene saber, en general. Ser dueño de una empresa estadounidense no da por sí mismo derecho a residir ni a trabajar en ella: constituir una LLC y tener un EIN es una cosa, y estar autorizado a operarla desde adentro del país es otra. Hay categorías pensadas para inversión, para traslado dentro de un mismo grupo empresario, para capacidades específicas y para inversión de mayor monto con creación de empleo, y cada una tiene requisitos propios de nacionalidad, de monto, de estructura y de plan.
Dos cosas que fallan seguido y no son migratorias. La estructura societaria armada antes de consultar, que después no encaja con la categoría elegida y hay que rehacer. Y un plan de negocio escrito para el trámite en vez de para el negocio, que no resiste preguntas.
Y una advertencia que corresponde: hay un mercado de intermediarios que venden certezas. Cualquiera que garantice un resultado migratorio está diciendo algo que no puede saber.
El orden que funciona: definir la actividad y los números, consultar con un abogado de inmigración matriculado en Estados Unidos, y recién ahí constituir la sociedad y mover plata. Lo contrario —constituir, transferir y después preguntar— es el camino por el que se pierden años y honorarios en rehacer.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com