Cuando el número del vendedor y el del comprador no coinciden, la diferencia se financia o se condiciona. Las dos herramientas fallan de manera conocida.
Comprador y vendedor suelen coincidir en todo menos en el precio, casi siempre porque no coinciden sobre el futuro. Hay dos instrumentos que cierran esa brecha.
Un pagaré del vendedor es deuda lisa y llana: el vendedor financia parte del precio y cobra en el tiempo, con interés. Señala confianza, y alinea al vendedor con que el negocio sobreviva. Cuando hay financiamiento SBA de por medio, un pagaré en condiciones subordinadas puede computar dentro del aporte propio del comprador, que suele ser el motivo por el que existe. El riesgo es del vendedor: ahora es acreedor —sin garantía o subordinado— de un negocio que maneja otro.
Un earnout condiciona parte del precio al desempeño futuro. Resuelve el desacuerdo esperando a ver quién tenía razón. Su forma de fallar es célebre: el vendedor ya no controla el negocio pero su cobro depende de él, y cada decisión del comprador —contrataciones, gasto en marketing, cómo se reconocen los ingresos, una adquisición que cambia las cuentas— puede mover el objetivo.
Por eso un earnout que funciona se escribe con precisión obsesiva: la métrica definida en términos contables y no con adjetivos, el período de medición, quién prepara el cálculo, el derecho del vendedor a ver los papeles y a discutirlos, y compromisos sobre cómo se va a operar el negocio durante el período. Los earnouts sobre facturación discuten menos que los de resultado, porque hay menos renglones para ajustar.
Si las dos partes no pueden acordar cómo se calcula la métrica, no resolvieron el desacuerdo: lo pospusieron a un juicio.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com