Se paga un monto grande a capital y el administrador recalcula la cuota. Misma tasa, mismo plazo, cuota más baja — y casi nadie sabe que existe.
El deudor que recibe una suma —un bono, la venta de otra propiedad, una herencia— y quiere bajar la cuota mensual piensa en refinanciar. Muchas veces hay una opción más barata que conserva la tasa que ya tiene.
Un recast, o reamortización, es pagar una suma grande a capital y pedirle al administrador que recalcule la cuota mensual sobre el plazo remanente. La tasa no cambia. La fecha de vencimiento no cambia. La cuota baja porque bajó el saldo.
Por qué es atractivo: no hay préstamo nuevo, ni tasación, ni trabajo de título, ni gastos de cierre más allá de un arancel modesto del administrador y, sobre todo, no se resigna la tasa vigente. Para quien tiene una tasa mejor que la del mercado de hoy, ese último punto es todo el argumento.
Las limitaciones son reales. No todos los préstamos son elegibles: los de respaldo estatal en general no, y algunos de cartera y jumbo lo excluyen. Los administradores fijan un monto mínimo y pueden limitar la frecuencia. Y hay que PEDIRLO: un pago grande a capital por sí solo baja el saldo y los intereses, pero deja la cuota mensual exactamente donde estaba.
Compárelo contra los otros usos de esa misma plata, porque el retorno de un recast es la tasa de la hipoteca, y puede o no ser el mejor disponible.
El paso es un llamado al administrador: si el préstamo es elegible, cuál es el mínimo y cuál el arancel. A muchos les dicen que no; a muchos nunca les contaron que la pregunta existía.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com