Gastos de cierre dividido por el ahorro mensual. Si vende antes de ese mes, el refinanciamiento perdió plata sin importar la tasa.
Las conversaciones de refinanciamiento giran alrededor de la tasa. La tasa es un insumo. El resultado es cuánto tarda el ahorro en devolver lo que el refinanciamiento cuesta.
Sume los costos —originación, tasación, título, inscripción, y cualquier cosa que se agregue al saldo— y divídalos por la reducción de la cuota. Eso es el equilibrio, en meses. El dueño que espera vender o volver a refinanciar antes de ese mes está pagando por no ahorrar nada.
Dos ajustes lo vuelven honesto. Si el préstamo nuevo reinicia treinta años sobre una hipoteca que lleva ocho, la cuota baja en parte porque el plazo se alargó, no porque la tasa mejoró: compare intereses totales, o compare contra el mismo plazo remanente. Y si los costos se financian en vez de pagarse al cierre, siguen siendo costos: son costos con interés encima.
Un refinanciamiento «sin gastos de cierre» no es gratis. Los gastos se pagan con una tasa más alta, que a veces es el canje correcto para quien se va a mudar pronto y el equivocado para quien no.
Sacar plata es otra decisión con la misma aritmética. Endeudarse contra la casa para financiar otra cosa convierte deuda sin garantía —o ninguna deuda— en deuda garantizada con la vivienda. Puede ser lo correcto para una refacción que agrega valor o para cancelar deuda mucho más cara, y vale decir en voz alta que la garantía es el lugar donde vive la familia.
Pida la estimación de préstamo a más de un prestamista el mismo día. La comparación sólo funciona si las cotizaciones son del mismo momento.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com