Competir por el porcentaje mensual es una carrera al piso en un negocio cuyos costos los manda la rotación y la coordinación de mantenimiento.
El honorario mensual es el número que comparan los dueños, y es el peor lugar para competir. El trabajo —y el costo— se concentra en eventos: colocar un inquilino, dar vuelta una unidad, llevar un desalojo, coordinar una reparación grande.
Por eso las estructuras que se sostienen separan el honorario recurrente de los honorarios por evento. Un porcentaje o monto fijo mensual por la administración corriente. Un honorario de colocación, que es donde está el costo de publicidad, visitas y evaluación. Un honorario de renovación más chico, que es trabajo real y no debería ser gratis. Y una dirección de obra sobre reparaciones de capital por encima de un umbral, informada como porcentaje.
Dos decisiones importan más que los números. Primero, qué está incluido: un administrador que incluye inspecciones periódicas y un control a mitad de contrato vende algo distinto del que no, y debería decirlo en vez de dejarse comparar sólo por precio. Segundo, qué está excluido y se factura: las sorpresas en un estado de cuenta cuestan más buena voluntad que el monto en juego.
La trampa del otro lado es bajar el honorario mensual para ganar una cartera y después compensarlo con sobreprecios y arreglos con proveedores. Funciona hasta que un dueño pregunta, y la respuesta daña más la relación que el precio honesto.
Conozca el costo de atender una puerta —horas de coordinación, licencia de software, seguro, la parte de estructura— antes de cotizar.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com