La renta cobrada es del dueño y el depósito es del inquilino. Ninguno de los dos va a la cuenta operativa, ni por un rato.
La plata que una administradora tiene por cuenta de otro —renta cobrada, depósitos de garantía, reservas para reparaciones— no es plata de la administradora. Va en una cuenta designada, separada de los fondos operativos, y se concilia.
La forma de fallar casi nunca es el robo. Es un apretón de caja: los sueldos vencen el viernes, los honorarios del mes entran el diez, y la cuenta operativa está corta. Tomar prestado de la cuenta que tiene fondos de dueños se siente como un problema de calendario y se trata como algo mucho más grave.
Tres controles lo evitan. Cuentas separadas, para que el saldo se vea en vez de estar mezclado. Una conciliación a tres bandas todos los meses —saldo del banco contra saldo contable contra la suma de lo que se le debe a cada dueño e inquilino—, que es el único chequeo que detecta un faltante cuando todavía es chico. Y separación de funciones, para que quien registra el depósito no sea la única persona que puede mover la plata.
El software ayuda y no reemplaza. Un mayor de fideicomiso que nunca se concilió contra un extracto bancario es un reporte, no un control.
El argumento comercial es tan fuerte como el de cumplimiento. Un dueño que elige entre dos administradores está eligiendo a quién confiarle su flujo de fondos. El que puede mostrar una conciliación mensual limpia sin que se la pidan está contestando la pregunta antes de que se la hagan.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com