Mezclar propiedades en una cuenta es invisible con dos puertas e irreparable con ocho. La factura llega en la declaración, en el refinanciamiento y en la venta.
La primera renta se maneja desde una cuenta personal y una planilla. Funciona. La cuarta no, y para entonces hay tres años de historia mezclada para desenredar.
Lo que una cartera necesita es aburrido y barato de empezar. Una cuenta bancaria por sociedad — como mínimo, una para las rentas y nunca la personal. Un plan de cuentas con las categorías que usa la declaración impositiva, para que la exportación de fin de año calce derecho. Y una dimensión de propiedad en cada asiento, para poder atribuir cualquier gasto a la propiedad que lo generó.
Tres cosas dependen de eso y duelen sin eso. La declaración necesita ingresos y gastos por propiedad, no agregados. Un refinanciamiento o una compra nueva significa un prestamista pidiendo el estado operativo de UNA propiedad, y reconstruirlo desde una cuenta mezclada lleva días. Y en la venta, la base —precio de compra más mejoras capitalizadas, menos depreciación— tiene que poder sostenerse con documentos, a veces diez años después.
La distinción que más retrabajo causa es reparación contra mejora. La reparación se deduce ahora; la mejora se capitaliza, se deprecia y suma a la base. Decidirlo en el momento del gasto, con la factura en la mano, es fácil. Decidirlo tres años después mirando una línea del banco que dice el nombre del contratista es adivinar.
Guarde en un solo lugar, por propiedad, la liquidación de cierre, el cuadro de depreciación y el registro de mejoras. Son los documentos que nadie puede recrear.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com