El límite de responsabilidad civil de cada propiedad es lo que separa un incidente del resto de la cartera, y esos límites son más bajos de lo que se cree.
Toda póliza de propietario tiene un límite de responsabilidad civil, y en una renta sola suele estar en un número elegido hace años y nunca revisado. Un reclamo serio por lesiones lo supera sin dificultad, y lo que queda por encima del límite son los demás bienes del dueño.
Una póliza paraguas se apoya sobre las pólizas de base y extiende la cobertura de responsabilidad a todas ellas. Comparada con lo que cubre es barata, y la razón es actuarial: los siniestros que perforan los límites primarios son raros. Raro no es nunca, y el sentido entero de un seguro es justamente el caso raro.
Tres condiciones deciden si funciona el día que hace falta. Las pólizas de base tienen que llevar los límites mínimos que el paraguas exige — un hueco entre el límite primario y el punto donde engancha el paraguas lo paga el dueño de su bolsillo. Todas las propiedades tienen que estar listadas: un paraguas que enumera cuatro de seis cubre cuatro. Y el asegurado nombrado tiene que coincidir con quién es dueño de cada propiedad: pólizas a nombre personal sobre propiedades de una sociedad, o al revés, es un desajuste habitual y caro.
Esto va al lado de la estructura societaria, no en su lugar. Las sociedades aíslan; el seguro paga. Una cartera que se apoya sólo en sociedades tiene una pared y nada de plata atrás; una que se apoya sólo en el seguro tiene plata hasta un límite y nada después.
Revise el listado cada vez que suma una propiedad. El hueco casi siempre es la última que compró.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com