La estructura define qué pasivos lo siguen al comprador, cómo tributa la operación y qué contratos sobreviven.
En una compra de activos el comprador arma una sociedad nueva y compra las cosas — equipamiento, mercadería, cartera de clientes, llave, el nombre— y deja atrás la sociedad del vendedor con toda su historia. En una compra de acciones o cuotas se compra la sociedad misma, y adentro viene todo: los contratos, las habilitaciones y los pasivos, los conocidos y los que todavía no aparecieron.
El comprador casi siempre prefiere activos. La pared de responsabilidad es el motivo, y el tratamiento impositivo suele ser mejor porque el precio se asigna entre bienes que se amortizan. El vendedor casi siempre prefiere acciones, por las razones espejo.
La compra de activos tiene su fricción. Los contratos no se transfieren solos: locación, proveedores y clientes suelen exigir conformidad, y el dueño del local de un restaurante o de un comercio termina siendo parte de la operación. Muchas habilitaciones y licencias no se ceden y hay que sacarlas de nuevo, lo que lleva un tiempo que el cronograma de cierre tiene que contemplar. Y el personal lo desvincula el vendedor y lo toma el comprador.
Hay además un punto propio de Florida sobre el sales tax: el comprador de un negocio puede responder como sucesor por el impuesto a las ventas que el vendedor no pagó. La forma de no heredarlo es pedirle al Department of Revenue el certificado correspondiente antes del cierre, o retener fondos hasta que aparezca.
Sea cual sea la estructura, la asignación del precio entre categorías de bienes va escrita en el contrato y acordada por las dos partes: las dos la van a declarar.
Esta nota es información general, no asesoría legal, contable ni financiera. Las reglas cambian y cada caso es distinto: consulte el suyo con un profesional matriculado.
Alberto Zaltzberg — Adonait · adonait.com